Publications - El Nacional - 1997

Caracas, 9 de marzo de1997

Una experimentación de siglos

 

ALEJANDRO SANCHEZ

 

La manipulación genética de mamíferos y de animales en general no es una noticia

tan nueva como los medios de comunicación nos están dando a entender en estos

días. Desde que el ser humano comenzó a domesticar animales,su cría ha tenido

como único objetivo el de obtener mejores cepas domésticas que realcen y amplíen

ciertas características ventajosas no tanto para el animal mismo sino para nosotros,

los seres humanos. Perros, gatos, vacas, caballos, cabras, ovejas, gallinas, cerdos,

palomas y otra gran cantidad de animales han sido, por cientos de años, los sujetos

de una prolongada y sistemática experimentación genética que han producido las

razas de animales que hoy en día nos protegen, visten y alimentan. Los dálmatas y

los caballos purasangre, las reses Holstein y Brahma, los gatos siameses y las

palomas mensajeras, todos estos animales son ejemplos patentes de una tradición

genética que ha estado íntimamente ligada con el progreso de nuestra civilización.

La genética, a través de la historia, es una actividad cuya importancia y vigencia en

nuestros quehaceres cotidianos no ha cesado de tener relevancia.

 

Lo único que ha cambiado, como es el caso en todos los ámbitos de la actividad

humana, son los métodos con los cuales la cría de animales se está llevando a cabo

hoy en día. El objetivo, sin embargo, continúa siendo el mismo, es decir la de

beneficiarnos a través de un mejoramiento de nuestras calidades de vida. La

inseminación artificial, por ejemplo, fue una tecnología desarrollada para mejorar

ciertas cepas de animales, tales como el ganado vacuno, ovino y porcino. Sin

embargo, el desarrollo de esta metodología no sólo mejoró la producción ganadera

y aumentó el abastecimiento de carne y otros productos afines en nuestros

mercados, sino que también estableció una sólida fundación sobre la cual se apoya

hoy en día la inseminación artificial de seres humanos,método que

indiscutiblemente ha mejorado la calidad de vida de muchas parejas que hasta ese

entonces hubiesen sido consideradas infértiles. El trabajo del doctor Wilmut y sus

colegas en Edimburgo en el Roslin Institute, que será dado a conocer al mundo

científico esta semana en la revista Nature, es tan solo una muestra de la investigacióngenética que nuestra

civilización ha estado llevando a cabo por tantos siglos. Las posibilidades de crear

tejido embriónico con células adultas abre nuevas vías de exploración en la

búsqueda de curas contra enfermedades como el SIDA, el cáncer, Alzheimer y la

distrofia, para mencionar sólo unas pocas. Dicha investigación es una extensión

natural de nuestra perpetua búsqueda del conocimiento.

 

Quizás la diferencia más obvia entre nosotros y el resto de los otros seres vivos

con los que compartimos este planeta es nuestra incesante búsqueda del

conocimiento. Dicha búsqueda es la característica más noble de nuestra especie y

por lo tanto no puede ni debe ser censurada. Es por eso que mientras haya

preguntas dignas de ser enunciadas y personas con el suficiente valor y rigor

intelectual como para desmitificarlas, la experimentación científica continuará sin

descanso. El conocimiento, como la naturaleza, desconoce de ética o moral. Sin

embargo, lo que se haga o no se haga con el conocimiento derivado de dicha

búsqueda ya no es responsabilidad del investigador o investigadora,sino de todos

nosotros y como tal requiere de un constante esfuerzo y disciplina de nuestra parte

para cerciorarnos de que dicho conocimiento no sea abusado. Es por eso que por

mi parte, siempre he de preferir a las ovejas del conocimiento que a las plagas de la

ignorancia.

E-mail: asa@stowers.org